martes, enero 20, 2009

Historias de la Puta Vida (Compromiso)

El despertador le pareció que sonaba más fuerte que otros días, incluso notó como había llegado a despegarse del somier en ese instante. Alex intentó apagarlo a tientas y el maldito aparato acabó en el suelo, lo cual solo consiguió prolongar la agonía hasta que por fin logró poner fin a ese pequeño infierno de un zarpazo. Hundió la cara en la almohada, cerca de una pequeña mancha oscura y húmeda, y mientras resoplaba repasó mentalmente lo que le esperaba aquel día.


Calzado con las típicas pantuflas de escudo medieval se desperezó y rascó delante de la taza mientras orinaba, lo que provocó que el chorro no fuera bien dirigido y pringara suelo, taza y las propias pantuflas. Se dio la vuelta y poniendo las manos en forma de cuenco debajo del grifo, no sin antes haber palpado el agua en busca de la temperatura adecuada, reunió el agua suficiente para despegar las legañas que tan bien habían sellado sus ojos aquella noche.


De vuelta a su habitación se vistió con ropa deportiva y sentado en la cama se ató sus nuevas zapatillas, especiales para largas distancias…o eso al menos le habían vendido.


Salió decidido a comerse el mundo y corrió cerca de 6 kilómetros por el parque en el que años atrás iba a beber litronas. Hizo 100 abdominales justo en el banco donde fumaba porros con sus colegas y estiró para prevenir cualquier posible pinchazo en las escaleras del portal de su casa, al lado del cuarto de contadores donde perdió la virginidad con la vecina del quinto cuando él no era más que un crió y ella una treintañera ninfómana con ganas de comerse a un yogurín….y algo más seguramente.


Delante del saco de boxeo, Alex no tuvo piedad. Lo golpeó con saña mientras el sudor resbalaba por su rostro. Bailaba alrededor de él mientras le retaba mentalmente, lo golpeaba, lo esquivaba a su vuelta y lo volvía a golpear. Así hasta que los nudillos le ardieron y decidió que debía darse una ducha o llegaría tarde.


El vaho inundaba todo el cuarto de baño y empañaba completamente el espejo pero no como desafinaba cantando bajo la ducha, para desgracia de sus vecinos. El chorro de agua caliente le golpeaba en la espalda, callado esta vez y con los ojos cerrados permaneció inmóvil repasando mentalmente las palabras exactas y precisas que usaría aquella mañana.


Limpio el vaho del espejo dejando un círculo para poder ver su rostro y comenzó a aplicarse gel de afeitar en la barba. Una vez perfectamente apurado se perfumó y se encaminó hacia el armario donde tenía preparado en una percha el traje con la camisa a juego y la corbata con el nudo hecho el día anterior por su padre, le echo un último vistazo y se vistió tranquila y meticulosamente.


De pie frente a la barra de la cocina Alex seguía con la mirada perdida, pensativo, repasando una y otra vez su discurso dándole vueltas a su café con leche. Al llevarse la taza a la boca una gota cayó sobre su impecable camisa.


- Cago en la puta de oros¡¡…


Renegando entre dientes intentó limpiar la mancha frotando con la mano primero y con un trapo de cocina después fracasando en ambos intentos.


Abrió el armario de nuevo y desesperado comenzó a sacar camisas superponiéndolas a la chaqueta del traje que todavía permanecía colgada de la percha en el armario hasta que por fin encontró una que le pareció podría sustituir a la manchada.


Delante del espejo se ajustó la corbata, se puso la chaqueta cuidadosamente y pasó el peine una última vez por su engominado pelo. Respiró profundamente, guiñó un ojo ante su imagen y salió a la calle rebosante de confianza.


Durante el camino hacia su destino no dejo de repasar las palabras, los gestos y hasta la sonrisa que utilizaría. La gente de la parada y la del autobús lo miraba como si fuera un loco, llegando una mujer embarazada a no querer el asiento que amablemente Alex le había cedido.


Al llegar a su parada, se apeó y cruzó la calle hasta una sucursal del Banco Jones. Dentro se dirigió a la chica que estaba detrás de un cristal que le mando a otra chica que estaba en un despacho con dos paredes y esta a su vez le hizo pasar a un despacho más grande, esta vez si, con sus cuatro paredes. Allí había un hombre de unos 40 años que al ver llegar a Alex se levantó y le tendió la mano.


- Hola¡¡ Buenos días. En que puedo ayudarle? Siéntese por favor.

- Hola – Dijo Alex mientras hacía chirriar la silla al arrastrarla para sentarse – Verá… es que…bueno yo estaba interesado…- Mierda¡¡ empezaba a temblarle la voz. Contrólate, cojones¡¡ se dijo para tranquilizarse – bueno interesado no, quería comp..adquirir una vivienda y…bien desearía solicitar un préstamo hipotecario.

- Para usted solo??

- Si.


Una extraña sonrisa se dibujó lentamente en el rostro serio del banquero, como de sorna y a su vez el puño de Alex se apretó fuertemente y trató de reprimir las ganas de borrarle esa estúpida sonrisa pensando en que al final iba a casarse, haría feliz a su madre…que ironía, que putada.




Relato basado en una idea de José DVD

5 comentarios:

Sarinha dijo...

Me ha encantado. Y la imagen se sale. jajaja. Se te echaba de menos, eh?? Un besito

DaniBai dijo...

buenísima como siempre!! tan triste como la vida misma. ya estaba metio en el personaje... aunque de los 6 kilómetros he pasao jajajaja que arte cojones

VolVoreta dijo...

Me ha gustado la historia, como siempre me parece muy bien redactada.
Esta vez te voy a dar un tirón de orejas, Dani, qué es eso de "una treintañera (ninfómana) con ganas de comerse a un yogurín..."

Por qué tiene que ser ninfómana?
Así no acabaremos nunca con los tópicos.
Te dejo un beso.

P.D. Gracias por las palabras tan bonitas que me dejaste en mi "fiesta" para celebrar el año nuevo.

KIKELIN dijo...

Dani, me he metido completamente en el personaje, tus descripciones son perfectas, y el punto de ironía me llega. Pero el final, qué bueno es el final!

Esteban dijo...

Es la primera vez que entro en tu blog y me ha gustado la historia que has contado.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que te ponían la alfombra roja al entrar al banco a pedir un crédito pero ahora, debe ser toda una odisea (por lo que mhan cpntado que gracias a Dios yo tengo credito hace muchos años).

Buen post.

Un abrazo,

Esteban

P.D. - Yo, en su lugar hubiera soltado el puño, y ¡que le den por el s..... a la boda.